Porqué debes ayudar a tus rivales.

Dr. Yves de Saá Guerra

Tal vez te parezca una paradoja. Pues, si son tus rivales, no tienes que ayudarles. Si tú ganas mejor que mejor ¿verdad? En realidad, tanto en el deporte, como en la vida, las cosas no son tan simples.

En la naturaleza existen muchos ejemplos de oposición o conflicto que impulsan una mejora en un individuo o en un grupo de individuos. La lucha por los recursos o la supervivencia han marcado cambios significativos en el cuerpo humano y en otras especies, y en su forma de relacionarse. Las ideas de Darwin y el estudio de la evolución se han centrado en la competición como una fuerza impulsora del cambio evolutivo.

En el campo científico, esto es objeto de estudio, ya que la lucha por los recursos genera comportamientos que se repiten en diferentes ámbitos como la biología, la ecología, la economía, y como no, en el deporte. Normalmente, lo primero que cualquier persona puede pensar es que no tenemos que ayudar a nuestros competidores, ya que nos quedaríamos sin nada. Y, de hecho, si eliminamos la competencia, mejor que mejor, ¿no? Esta es una táctica muy utilizada por las grandes corporaciones. Aunque, como veremos, no es acertada.

En segundo lugar, podemos pensar en compartir una pequeña parte, ya que, si tenemos más de lo necesario, podemos compartir sin que represente una pérdida. Y mientras mantengamos una posición dominante, los demás se pueden pelear por las sobras.

También podemos pensar en no compartir nuestras ideas, no sea que alguien se apropie de ellas y se le ocurra algo mejor para vencer. Y por supuesto, jamás compartirlas con nuestros competidores, ya que encontrarían la manera de triunfar sobre nosotros.

En realidad, esto no tiene mucho sentido. Los científicos publican sus ideas y los métodos que han utilizado para logar sus hallazgos. Y esto genera que otros científicos basen sus investigaciones en estas ideas, y logren otras más avanzadas, y así sucesivamente; y recíprocamente, que es lo más importante.

En deporte, por ejemplo, los jugadores, cuando cooperan, compiten mejor como equipo, como conjunto (Bar-Yam, 2003). El rendimiento de un equipo puede ser postulado como ganar tantos partidos como sea posible. Es el resultado de la interacción sincrónica de ciertos estados de optimización de los sistemas que lo componen en una escala temporal (mejora su forma de funcionar y de relacionarse en un tiempo determinado), y al mismo tiempo guarda una relación recíproca con el entorno emergente y fundamental: la competición.

Como vemos se pueden producir dos comportamientos notables. La cooperación y la oposición. Ambos son fundamentales para la mejora de los organismos, los individuos, las poblaciones y, mediante la manifestación simultánea de ambos fenómenos, se produce la evolución del sistema. Un cambio significativo, en el que nuevas propiedades o comportamientos surgen de forma permanente.

En deporte, de hecho, la cooperación u oposición de los jugadores es lo que da origen a las diferentes escalas en las que se construye el deporte: deportista, equipo/club, campeonato/liga, disciplina deportiva, realidad deportiva de una región o país. La coexistencia de estos dos comportamientos es lo que permite al deporte, y a todos sus elementos, evolucionar.

Utilicemos los deportes de equipo como ejemplo para explicar esta idea. Los jugadores compiten entre sí por un puesto en el equipo. Esto hace que mejoren sus habilidades individualmente. Pero, al mismo tiempo, la cooperación entre varios jugadores es lo que permite a un equipo competir contra otros equipos (de jugadores que cooperan entre sí) (Bar-Yam, 2001). De este modo se manifiestan dos comportamientos diferentes en el mismo nivel. El mismo elemento puede mostrar propiedades diferentes, dependiendo del tipo de interacción. Cuando los jugadores cooperan es una relación sinérgica. Cuando los jugadores compiten es una relación antagonista. La competencia se produce sólo cuando hay cooperación, y la mejora sólo se produce cuando existe una oposición.

Gracias a estos dos comportamientos se crea otro grado de organización o escala. Los equipos compiten entre sí, y mejoran como equipo. Pero al mismo tiempo colaboran permitiendo al deporte existir y competir contra otros deportes por recursos (aficionados, patrocinadores, contratos de medios de comunicación, etc.). Y así sucesivamente. De esta manera, se van creando las diferentes realidades del deporte. Donde influyen las unas sobre las otras.

En el caso de deportes individuales, sucede exactamente lo mismo. Los jugadores compiten por mejorar sus marcas. Y para esto es necesario que mejore la cooperación entre los sistemas que componen su organismo. Para ello diseñamos cargas de entrenamiento, a modo de oposición, con la intención de que produzcan mejoras de rendimiento para poder superar las barreras de las marcas o registros.

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Figura 1. Representación de cómo se construye el deporte. (Fuente Bar-Yam, 2001)

Como vemos, en diferentes niveles gracias a la colaboración podemos competir y mejorar. La competición nos hace mejorar. Y gracias a colaboración entre rivales, podemos competir contra otros sistemas por recursos. Todo esto siempre y cuando las diferencias entre competidores no sean insalvables. La mejora esta vinculada a este fenómeno. Por esa cuestión, si ellos mejoran, nosotros también deberíamos mejorar.

De tal forma, se produce la paradoja de que también los rivales nos necesitan para mejorar. Por eso no deben dejar que el gradiente deportivo sea insalvable. Deben mantener unas diferencias deportivas adecuadas que permitan la mejora constante.

Como ya sabemos, y siguiendo con el ejemplo de los deportes de cooperación-oposición, un equipo no es sólo el resultado de la interacción de los jugadores. Se necesita un ambiente donde pueda desarrollarse y evolucionar a nuevos estados. Las inestabilidades y saltos hacia nuevas formas evolutivas son el resultado de las fluctuaciones internas y de interacciones con el medio ambiente que le rodea, de ahí su importancia.

Lo mismo sucede con el cuerpo humano. Si restringimos o potenciamos el acceso a un recurso, como la comida, o a un estímulo, como el entrenamiento deportivo (entendiendo ambos como elementos del entorno), se pueden llegar a manifestar comportamientos que buscábamos premeditadamente, primero de manera esporádica (aguda), y con el tiempo, de manera permanente o crónica. Comportamientos tales como el uso de la grasa como sustrato energético, el aumento de la masa muscular o el aprendizaje o perfeccionamiento de una habilidad motriz.

Cuando el sistema no está aislado e interactúa con el medio ambiente circundante mediante el intercambio de materia o energía (dinero y deportistas, por ejemplo), es posible que algunas fluctuaciones generen gradientes deportivos más o menos permanentes, manteniendo el sistema fuera de equilibrio (se rompe la equidad y se jerarquiza el sistema). Esto es, por ejemplo, cuando en una liga un equipo o varios equipos son siempre los que ganan al resto, siendo las diferencias deportivas muy marcadas. La aparición local del orden (ruptura de la simetría) sólo es posible en sistemas abiertos que interactúan con su entorno (Mainzer, 2005).

De ahí que sea importante comprender los diferentes flujos en el deporte. Por ejemplo, debemos conocer si la competición en la que participamos presenta alguna característica concreta, si es de alta competitividad (alta incertidumbre en la clasificación final) (Richardson, 2000; Schmidt & Berri, 2001; Rhoads, 2005; Soebbing, 2008; Ribeiro et al., 2010; de Saá Guerra et al., 2012) y/o existe un domino claro de un deportista o club sobre el resto (de Saá Guerra, Martín González, García Manso, & García Rodriguez, 2016). O si se ha profesionalizado tanto que se asemeja más a un mercado que a una competición (Onody & de Castro, 2004; Arjonilla López, 2011). Es transcendental conocer la dinámica de la competición en la que participamos. Ya que, si no existe un equilibrio competitivo correcto deportivo (Ribeiro et al., 2010), no mejoraremos ni lograremos romper ciertas barreras de rendimiento.

Es importante entender que, tanto en la vida como en el deporte, los que son tus rivales, se convierten en tus compañeros en otro ámbito para alcanzar metas comunes.

La competición equilibrada nos hace mejorar. Por eso, si ayudamos a nuestros rivales, acabaremos mejorando.

Referencias

Arjonilla López, N. (2011). Incidencia de los factores distancia, tiempo, fatiga y concentración de la efectividad en el baloncesto.

Bar-Yam, Y. (2001). Introducing complex systems, presented at the International Conference on Complex Systems, Nashua, NH, 2001.

Bar-Yam, Y. (2003). Complex Systems and Sports. New England Complex Systems Institute. http://necsi.edu/projects/yaneer/SportsBarYam.pdf

de Saá Guerra, Y., Martín González, J. M., García Manso, J. M. G., & García Rodriguez, A. (2016). Clustering and competitive balance in NBA and ACB professional basketball. Apunts, 124(2). http://www.revista-apunts.com/hemeroteca

de Saá Guerra, Y., Martín González, J. M., Sarmiento Montesdeoca, S., Rodríguez Ruiz, D., García-Rodríguez, A., & Juan Manuel García-Manso. (2012). A model for competitiveness level analysis in sports competitions: Application to basketball. Physica A: Statistical Mechanics and its Applications, 391(10), 2997-3004. https://doi.org/10.1016/j.physa.2012.01.014

Mainzer, K. (2005). Symmetry And Complexity: The Spirit And Beauty Of Nonlinear Science. World Scientific.

Onody, R. N., & de Castro, P. A. (2004). Complex network study of Brazilian soccer players. Physical Review E, 70(3), 037103. https://doi.org/10.1103/PhysRevE.70.037103

Rhoads, T. (2005). A Measure of Competitive Imbalance for the PGA Tour. (Towson University).

Ribeiro, H. V., Mendes, R. S., Malacarne, L. C., Jr, S. P., & Santoro, P. A. (2010). Dynamics of tournaments: The soccer case – A random walk approach modeling soccer leagues. The European Physical Journal B, 75(3), 8. https://doi.org/10.1140/epjb/e2010-00115-5

Richardson, D. H. (2000). Pay, Performance, and Competitive Balance in the National Hockey League. Eastern Economic Journal, 26(4), 393-417.

Schmidt, M. B., & Berri, D. J. (2001). Competitive Balance and Attendance The Case of Major League Baseball. Journal of Sports Economics, 2(2), 145-167. https://doi.org/10.1177/152700250100200204

Soebbing, B. P. (2008). Competitive Balance and Attendance in Major League Baseball: An Empirical Test of the Uncertainty of Outcome Hypothesis. International Journal of Sport Finance, 3(2), 119-126.

 

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