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La erótica del baloncesto.

Dr. Yves de Saá Guerra

 

Quizás muchos de nosotros pensamos que el baloncesto no es más que un grupo de bigardos, algo fornidos, que corren en pantalón corto detrás de una pelota naranja. Si usted piensa eso, primero, vuelva a replantearse su amor por la vida. Y segundo, siga leyendo y disfrute, porque el deporte es un fenómeno cultural, y como tal, ha de ser entendido.

Al admirar una obra de arte, a medida que conocemos más sobre el trasfondo de tal expresión artística, nuestra percepción cambia. Quién y porqué la creó, el estilo utilizado; o comprender conceptos como el espacio, la composición y el color, en obras pictóricas o escultóricas; o la armonía, el ritmo y la cadencia, en obras musicales o literarias, hará que la poesía pase de ser un mero puñado de rimas, a una experiencia que nos ponga los pelos de punta. A poder deleitarnos en la creatividad.

Cuando un jugador “machaca” el aro con el balón y consigue anotar, lo que se conoce en el argot del baloncesto como hacer un “mate”, suele ser una de las acciones más espectaculares ya que representa una exhibición de plasticidad y fuerza. Correr y elevarse en el aire puede parecer algo sencillo, pero no lo es. De hecho, este fenómeno llama mucho la atención de los hombres de ciencia: transformar la energía cinética (desplazamiento horizontal) en energía potencial (desplazamiento vertical) con un objeto ajeno en las manos (balón). Algo no muy común en la naturaleza. O incluso, aprehendiéndo el balón en el aire (lo que se conoce como alley-hoop). Y hemos de añadir que, probablemente, con unos cuantos rivales tratando de evitarlo a toda costa.

Esta acción de juego, y casi todas las demás en baloncesto, requieren una gran coordinación tanto a nivel individual: pies, manos, óculo-manual, óculo-pédica, etc., como a nivel externo: balón, compañeros, adversarios, tiempo, espacio, etc. Todo un despliegue de espontáneo de inventiva. Y es aquí donde radica la belleza natural de lo inesperado. Lo que mantiene en vilo al público. Lo que ralentiza nuestros latidos como si tuviéramos el dominio absoluto de nuestro ser y el tiempo perdiese su significado. Y justo en ese instante, estalla toda la fuerza salvaje que nos hace sentir vivos. Como si cada uno de nosotros hubiésemos empujado con nuestra mano desnuda ese balón para que entrara.  Así se vive cada posesión en baloncesto.

El baloncesto es un juego rápido, agitado, intenso, donde continuamente se dan acciones de juego, no sólo con el balón, si no que existe toda una filosofía acerca de cómo jugar sin él. Como dijo Ortega y Gasset: Yo soy yo y mis circunstancias, y en deporte existe una dualidad entorno-deportista. No es posible entender un equipo o un deportista fuera de su entorno. Por ejemplo, los lituanos entienden el baloncesto (en Lituania el baloncesto es el deporte nacional) de una manera diferente a como lo hacen los croatas, o los puertorriqueños. Su estilo de juego es muy diferente. Por eso no podemos concebir a un equipo como la mera suma del talento individual de sus jugadores. El Dream Team (equipo de baloncesto de EE.UU. que ganó la medalla de oro en Barcelona 92) era mucho más que buenos jugadores. Debemos aproximarnos desde una concepción más holística: el todo es más que la suma de las partes.

Tal es así, que en un partido de baloncesto, aunque las condiciones sean exactamente las mismas, la respuesta o respuestas pueden conducir a diversos resultados que no pueden ser conocidos de antemano. Por ello ante una situación de partido existen muchas posibilidades que podemos considerar adecuadas para resolver el problema motriz. Esto se conoce como sistema no lineal.

Los expertos clasifican los movimientos en cíclicos (reproducir un patrón motor como por ejemplo atletismo o gimnasia artística) y movimientos acíclicos (donde búsquese usted la vida para avanzar, lanzar o correr). El rendimiento en deportes de cooperación-oposición (existen además deportes de equipo que solo son de cooperación, como por ejemplo el remo o el bobsleigh) viene sustentado por unos niveles adecuados de fuerza y una base metabólica que asegure la vía energética para cada acción motriz. La técnica es la depuración de los movimientos corporales para la correcta aplicación de los niveles de fuerza y metabolismo. Pues sí. Más vale maña que fuerza. Por eso, en deportes de cooperación-oposición, la base de esta no linealidad es la toma de decisión. La clave en deporte. La capacidad de elaborar respuestas creativas a una situación usando los recursos propios. Es decir, que el atractivo del baloncesto reside en ver cómo co*** resuelve el problema el equipo. Y esa situación se está produciendo continuamente y de manera simultánea para ambos contendientes durante todo el partido.

La calidad de esta respuesta o respuestas viene dada por la precisión, sincronización (coordinación con compañeros, adversarios, tiempo y espacio) y la secuencialización (contexto). Este proceso se reajusta constantemente mediante mecanismos de retroalimentación que favorecen una respuesta proporcionada. Sí, es importante saber pasar, pero es más importante saber cuándo pasar. Y a quién.

Tenga en cuenta que a medida que avanza el partido, las estrategias se van perfilando cada vez más, para rascar a cada segundo el mayor rendimiento posible. Incluso tenga usted en mente que en baloncesto se puede anotar con el tiempo detenido (un tiro libre), o concluido: cuando el jugador lanza antes de que se consuma el tiempo de partido o de posesión y, habiendo abandonado la mano del tirador al finalizar la cuenta, entra por el aro (hay que lanzar a canasta antes de 24 segundos, si no la posesión del balón pasa al equipo contrario). Esto hace que los equipos tengan que controlar con detalle aspectos reglamentarios del juego, como son las faltas, el tiempo de juego o posesión, los tiempos muertos, etc. La cantidad de información que manejan es ingente. El rendimiento de un equipo puede ser postulado como ganar el mayor número de partidos posibles. Esto resulta de la interacción sincrónica de ciertos estados de optimización de los sistemas que lo forman, los cuales además tienen una relación recíproca con el ambiente emergente: la competición.

Es muy importante conocer la categoría o el formato de competición. No es lo mismo una liga abierta, donde existen ascensos y descensos, que una liga cerrada, donde siempre son los mismos equipos los que participan. El modelo competitivo influencia significativamente en el rendimiento de la liga. La habilidad de los equipos para competir y cómo funciona el campeonato (diseño de la competición) determina el nivel de competitividad. Así cuanto más competida sea una competición (cuanto más difícil sea conocer el resultado final) más atractiva será para el público y generará mayores beneficios (entradas, patrocinadores, derechos de televisión, etc.). La ampliación o reducción de los equipos participantes, el sistema de clasificación (como el del presente mundial), la modificación de las reglas o la negociación de los salarios pueden afectar de manera significativa a estos niveles. Una competición debe asegurar incertidumbre en la clasificación final. Cuantos más equipos favoritos mejor.

El ADN de un partido de baloncesto es el marcador. Es lo que determina el vencedor. El tiempo y la evolución del marcador no siguen un comportamiento simétrico, sino que existen diferentes comportamientos en términos de rangos temporales. Estas asimetrías indican una naturaleza no lineal (varias soluciones válidas), resultante de las acciones de juego entre los dos equipos enfrentados. La evolución del marcador muestra un comportamiento estocástico. Los parciales de anotación reflejan supuestamente una dinámica aleatoria, similar al movimiento Browniano. No podemos conocer de antemano cómo será la dinámica anotadora de un partido de baloncesto. De ahí que sea tan atractivo porque está en continuo cambio. En baloncesto profesional se suele anotar cada veinte segundos de media. Hasta aquí todo bien teniendo en cuenta que el tiempo de posesión es de veinticuatro segundos. Pero la dinámica de anotación de un partido de baloncesto es algo muy complejo. Un partido de baloncesto está dividido en cuatro períodos de tiempo iguales (10 minutos para el baloncesto FIBA y 12 minutos para el baloncesto NBA).

Existen períodos completamente impredecibles, otros sin memoria y otros con memoria (donde el sistema aprende y repite). Períodos donde predominan un tipo de canastas como el contrataque, o períodos donde se retiene más la pelota para defender, como en los instantes finales de cada cuarto (sí. Se puede defender con la posesión del balón. Con ello se evita que el equipo contrario anote reduciendo el número de posesiones del adversario). E incluso momentos del partido tan complejos que pueden considerarse un partido en sí mismos. Nos referimos al último minuto. Y es que, en baloncesto, no hay nada decidido hasta el final.

La riqueza deportiva del último minuto no tiene parangón. Las estrategias y los ajustes de los equipos en el último minuto de juego llegan hasta tal punto que, las diferencias de tiempo de un segundo entre canastas son mayoría aplastante. Es decir, que se produce una canasta casi continuamente (si la diferencia de puntos entre los dos equipos es menor o igual a 11 puntos: partidos reñidos). Imagínese la tensión de los jugadores, los nervios, la concentración, la toma de decisión de los jugadores y del cuerpo técnico, que sin formar parte de los agentes que llevan a cabo la acción, su papel es determinante. Y puede que al final se gane con un triple sobre la bocina y dos defensores encima. Todo es posible. Todo concentrado en un minuto eterno.

Todo esto nos lleva al equipo. Bueno, ¿y cómo funciona un equipo de baloncesto? Esta es la pregunta del millón. Esta cuestión ha llevado de cabeza a los entrenadores y científicos del deporte durante mucho tiempo. Lógico, ya que todo el mundo quiere encontrar la fórmula mágica para hacer que su equipo gane. Encontrar el arquetipo de equipo. ¿Usted no? ¡Yo sí! El baloncesto es famoso porque aunque un equipo esté perdiendo por muchos puntos, existen remontadas épicas, canastas en el último segundo (o con el tiempo ya finalizado), partidos con prórrogas infinitas (si un partido finaliza en empate, se juegan tantas prórrogas como sea necesario hasta que se proclame un ganador), canastas increíbles, jugadas de equipo asombrosas y donde el chico gana al grande más veces de las que uno piensa.

Cuando acuda a ver un partido, observe cómo se mueven los jugadores, qué hacen, y si tienen éxito o no, y si cambian su estrategia en función del éxito o el fracaso. En resumidas cuentas cómo se desarrolla el flujo de juego. Quién absorbe más juego, quién  distribuye el juego y quién pasa desapercibido haciendo el “trabajo sucio”.

Frecuentemente oirá a muchos entendidos en baloncesto decir: hay que mover la pelota. Intuitivamente, sabemos que así podemos conseguir alguna ventaja. Pero, epistemológicamente, no es tan sencillo. Los defensores colaboran con la finalidad de entorpecer el progreso del equipo contrario y evitar que anote. Pero al mismo tiempo los atacantes tratan de superar a los defensores para conseguir canasta usando sus habilidades. Es un deporte de cooperación-oposición.

Es muy complicado conocer con anterioridad cómo se comportarán los jugadores. Pero observamos como existen patrones que surgen de manera espontánea respondiendo a necesidades tácticas o de supervivencia en el juego. Las múltiples interacciones locales entre compañeros y adversarios (de tipo no lineal principalmente) influencian las unas sobre las otras y confiere al partido un perfil crítico. Además, los equipos “aprenden”. Son capaces de restructurarse y modificar su flujo de juego para hacer frente a nuevas necesidades que surgen del juego, con el fin de anotar y evitar que anoten. Y este tipo de procesos se exhiben a lo largo de todo el encuentro de manera simultánea y continua. No hay dos partidos de baloncesto iguales. Aunque se enfrenten los mismos equipos en exactamente las mismas condiciones.

De momento, ningún demiurgo nos ha bendecido con el don de la clarividencia deportiva, y quizás esta maldición, sea al mismo tiempo una bendición. Así que disfrutemos viendo quién gana, y cómo lo hace. Pues la felicidad reside en la belleza creativa de lo espontáneo.

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